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(Presentación Introducción para inquietos - Cinosargo 2012) por Juan Cámeron




Tranströmer es un poeta de un profundo y conmovedor sentido estético por Juan Cámeron (Presentación Introducción para inquietos - Cinosargo 2012)


La Sebastiana, Valparaíso. 21 de julio 2012

Mis queridos amigos, antes que nada –y como indica la norma- debo agradecer a Omar  Pérez Santiago y a Sergio Badilla el haberme convocado a esta mesa para hacer pública la aparición de Introducción para inquietos. Hay dos razones importantes en esto: ellos tienen señalada importancia en mi ubicación en Suecia y en esa cultura, que nos es ahora común, y por cierto, para celebrar una nueva edición, sobre todo tratándose de escritores queridos y conocidos, en estos tiempos de barbarie y oscuridad.
Llegué a Estocolmo a comienzos de 1987, pocos días antes de cumplir mis cuarenta años. El promotor de ese viaje, como el de la recepción allí –estuve en su casa hasta que fui enviado a un campamento de refugiados en el Báltico– fue precisamente mi antiguo compañero de estudios de Derecho y del Directorio en la Sociedad de Escritores de Valparaíso –aunque ya no figuremos en sus registros –Sergio Badilla Castillo. Sin su apoyo y el grupo de amigos, mi estancia en ese campo nórdico habría sido un verdadero infierno. Y luego, tras aquella temperada, la suerte y los encuentros con otros chilenos, como el narrador Jorge Calvo y el  ex compañero de universidad Juan Ángel Tapia, pude establecerme en el sureño puerto de Malmö. Allí campeaba por entonces Omar Pérez Santiago (Pancho para nosotros y con unas P muy suecas y explosivas) junto a Rubén Aguilera y otros grandes y hasta hoy queridos amigos, como Gastón Candia, el Cono (Luis Tejo) a quienes hace poco abracé allá in situ. Por eso entonces saludar a los escritores de aquellos lares sea un motivo de inmensa alegría.
A la par de avanzar en el aprendizaje del idioma, con atisbos de tempranas traducciones y esa soledad definitiva –matizada de cuando en vez por nuestra misérrima red social- me fui adentrando en la poesía sueca. De hecho mi primer intento ocurrió en el departamento de Sergio, en Koksgatan, cerca de la Medborgarplatsen cuando, sin mediar provocación alguna del idioma, comencé a traducir algunos párrafos de Fåglarna (Los pájaros) de Lars Gustafsson. El resultado fue, como supondrán, similar al del traductor automático de Google. Y en otra oportunidad, sólo por lucirme, aprendí de memoria un corto poema de Gunnar Ekelöf que, en mi sueco de entonces, no entendían ni los refugiados iraníes. Fue en la Biblioteca Municipal, ya viviendo en Malmö, donde ubiqué las obras del buen y afable Tomas Tranströmer, avecindado a ratos en esta ciudad y muy cercano de nuestro amigo Lasse Söderberg.
Por cierto, más allá de los idiomas y del origen, existe una actitud viral, repetida y casi esquemática en todos los poetas. De allí que no fuera difícil identificarse con ellos. Pérez Santiago da cuenta de su visión en el texto ahora a vuestro alcance y, aunque su interés apuntaba a un ejercicio de plena actualidad y el mío a lo ya establecido (no dominaba el idioma) nuestros héroes resultan casi los mismos.
Gunnar Ekelöf, por citar alguno, quien cargó con el rol de un marginal nacido en la alta burguesía. Por ello habría de sufrir la omisión y el ocultamiento. Más aún cuando su actitud contestataria apuntaba directamente contra el modo sueco de vida. Aclaro, al modo sueco de hace unos años, mucho antes que la barbarie capitalista echara por el suelo el sistema de protección social. Tal olvido no carece de inocencia: la ironía y el desprecio del poeta por todo lo burocrático hiere en sus raíces el concepto de folkhemmet (la casa de todos en cierto sentido), baluarte de la izquierdizante Socialdemocracia de aquellos lejanos tiempos. Prima en sus obras una  actitud de desamparo y rebeldía que lo habrá de acompañar hasta su muerte. “En atención a las exigencias estéticas / (que también son las de la funcionalidad/ (escribe en 1945) los arquitectos han hecho las nubes cuadradas”; y más aún: “Cada día se hace noche y los asexuados trabajadores / cargados de vitaminas / llegan en rebaños a sus casas/ a través de los parques / según los convenios colectivos / a su vida privada / a Svea, la reina de las hormonas / vigilada rigurosamente por porteros que inspiran confianza”

Y tras este poeta emerge la obra de Tranströmer, autor de un profundo y conmovedor sentido estético. No son meros elogios: la estructura semántica de sus textos, esa misma que es intraducible –pues los signos no transitan las calles de otras lenguas- resulta poderosa, amable, descubridora, plena de ternura y profundidad al mismo tiempo. En Retrato y comentario, un poema, supongo, a su padre dice (leo párrafos saltados): He aquí el retrato de un hombre que he conocido / se sienta a la mesa con el periódico abierto / los ojos cerrados tras las gafas / Su traje lavado en el brillar de los pinos (…) El diario, esa gran mariposa sucia, / la silla la mesa y el rostro descansan (…) Aquel que soy en él descansa. / Existe. No reconoce / y por eso vive y existe.
Toda relectura de Tranströmer lleva, más allá de nuestra natural necesidad de traducirlo, a la cuestión de la validez literaria. Una vez, mientras intentaba llevar al castellano por goce y complacencia personal, nada más, el poema Un artista en el norte, de su libro Sonidos y Huellas (1966) hallé la respuesta a una cuestión teórica que me tenía a mal traer por esos tiempos. A medida que ingresaba a los planos de significación de esa obra dedicada al músico noruego Edgard Grieg, por oposición a tanta maravilla porqué es mala esa poesía que a nosotros, a simple vista, observamos como inútil o vana o desquiciada. Tranströmer lograba allí algo extraordinario; conseguía el oximorón de unir en un solo plano la fragilidad del sentimiento y la dureza del medio; el simple artilugio de las proposiciones golondrina-tejado, pino-choza, corazón-pecho, así como el juego de las múltiples posibilidades ofrecidas por esta gama metafórica (además de sus fluidez y resonancia y sonido y sentido, se entiende) me indicaba ya estar frente a un buen, cuando no frente a un excelente poeta. O, en otros términos, ante la poesía. Después supe que Roland Barthes lo llamaba concordancia simbólica y concordancia taxonómica; pero ese es un punto ajeno a esta presentación.
El trabajo que nos trae Omar Pérez Santiago reúne una serie de notas, que él ordena por décadas –de los 30 a los 80- e inicia con sus traducciones y un breve estudio de este poeta estocolmeño nacido en 1931 y a quien le fue concedido el Premio Nóbel el pasado 2011. Rescata además, como uno de los pilares de esta expresión nacional, a Eric Johan Stagnelius, sin duda el mayor exponente del romanticismo sueco pero, en términos generales, un clásico del idioma: Del eco ciudadano se distingue, tranquilamente oculto entre las edificaciones / ese corazón que sólo aprende a amar y a soñar escribe en 1814, Y encontramos aquí también, aparte de los nombrados, a poetas cuya obra, como siempre ocurre, merecen una mayor difusión por el goce estético aportado. Es el caso de la gotemburguesa Karin Boye, heroína del feminismo más militante, o de Hjalmar Gullberg, que tan maravillosamente tradujo a Gabriela Mistral alrededor de 1940. La precisión en el ritmo y en la acentuación del verso mistraliano conforma un alegato muy difícil de replicar para quienes sostenemos que la poseía es -por los secretos avatares del oficio- del todo intraducible. Y así continúan, otros nombres: Larss Forsell, Göran Palm, y aquellos ya más cercanos al autor, tal vez reunidos en el Café Siesta o en los pubs de Copenhague, integrantes de la Pandilla de Malmö, o como bien se moteja The Danish Connection;  poesía de apertura frente a la presión post industrial que, en cierta medida, se convoca en torno a la figura del joven suicida Michael Strunge. De este tronco germinan Clemens Altgård, Håkan Sandell, Jens Fink-Jensen y Lukas Moodysson (quien optará posteriormente por la novela) entre los más conocidos.
Mucho se puede hablar de esa Suecia que ocupamos e hicimos nuestra a pesar de las condiciones adversas y de un definitivo enfrentamiento cultural. Se trata de un idioma y una literatura preciosos. Y este libro resulta una buena oportunidad para que el lector interesado acceda a ella.
Muchas Gracias



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About Daniel Rojas Pachas

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