miércoles, 17 de agosto de 2016

BUDNIK : EL MONTAJE DEL “YO VEO” Por Alejandro Cabrera Olea




BUDNIK : EL MONTAJE DEL “YO VEO”
“Budnik” de Juan Carreño, Cinosargo Ediciones, 2016

Por Alejandro Cabrera Olea


Budnik, de Juan Carreño, es la historia de Daniel, Jorge y Ana.
Budnik es un manifiesto, un libro de sueños, un manual de guerrilla urbana, un catálogo genial de películas alucinantes, la biblia de una nueva religión, el relato de una guerra santa. 
Budnik es una crónica, la crónica de un NOSOTROS, el Frente ContraCine, y como tal, es un documento feroz, violento y amoroso sobre el cine, sobre una forma de hacer cine y en consecuencia, sobre una forma de ver la vida.
¿Pero qué forma de hacer cine?
¿Y cuál vida?
En lo que se refiere al cine, se establece en Budnik desde el comienzo la filiación al manifiesto de Aleksander Medvedkin, cineasta soviético de principios del siglo 20, que recorrió su país en el tren del cine registrando documentos fílmicos y exhibiéndolos a los miles de habitantes y trabajadores de la revolución. Al respecto, Medvedkin señalaba que gracias a su trabajo y su ejemplo, “en diferentes partes han ido surgiendo pequeños estudios obreros donde se han hecho películas cortas sobre la lucha de clases, sobre la justicia social. El tema, por ejemplo, podía ser: ‘Cómo pasa sus vacaciones el dueño y cómo descansa un obrero’. Nuestro trabajo”, decía, “fue utilizado por Chris Marker y luego aparecieron grupos de este tipo en Chile. Mis amigos de allá (de acá) trataron de verdad de utilizar estos métodos.”
Esto hasta el golpe de 1973.
Pero a Medvedkin, yo sumaría la presencia en Budnik de otro glorioso ojo-fantasma: 
Dziga Vertov, pionero de un nuevo cine soviético en el que poco después aparerecían Kuleshov, Pudovkin, Eisenstein y Dovzhenko. 
La gracia de Vertov es que hace casi exactamente 100 años atrás impulsó con su idea del cine-ojo un movimiento renovador en las artes que fue coherente con la otra renovación mayor en lo social y lo político. Su línea de trabajo fue muy personal, porque, como los integrantes del Frente ContraCine de Budnik, Vertov postulaba un tratamiento cinematográfico de la realidad inmediata, llevando esa intención al nivel de toda una doctrina estética.
Cito algunas frases de sus manifiestos incendiarios:
1.”El cine-ojo es el cine explicación del mundo visible, aunque sea invisible para el ojo desnudo del hombre.”
2.”El cine-ojo es el espacio vencido, es la relación visual establecida entre las personas de todo el mundo, basada en un intercambio incesante de hechos vistos, de cine-documentos, que se opone al intercambio de representaciones cine-teatrales.”
3.”Ahora no sólo se puede hablar del grupo, no sólo de  la escuela del cine-ojo, no sólo de una parte del frente, sino incluso de todo un frente de ‘cine documental sin actores’.”
4.”Al sumergirse en el caos aparente de la vida, el cine-ojo intenta encontrar en la vida misma la respuesta al tema tratado.”
La vida misma.
¿Cuál es la vida misma de Budnik?
Juan Carreño la instala en un Santiago actual, pero visto desde una especie de futuro post-apocalíptico o de post-guerra, donde sólo se escucha en la calle la infinita repetición de camiones distribuidores de gas licuado, y donde las antenas de directiví han quedado abandonadas en los blocks. 
Hay una imagen bellísima y potente que ilustra esta idea: “cuando las micros amarillas de la Zona F del Transantiago descansan en una plataforma lunar, rodeadas de torres de alta tensión pintadas de rojiblanco y de fábricas cementeras que codean con desperdicios a los más alejados. Veo los peajes de la carretera y a mi sombra en bicicleta arrimada a la costra de la ciudad y al progreso, pura basura a la entrada de los ojos.”
Santiago, año 0, podríamos decir, aludiendo a la película neorrealista, post segunda guerra mundial, de Rossellini. Así es esta vida. Santiago, año 0. Acceso sur. (Curioso que Santiago se acabe en un acceso. Curioso, y terrible.) Carreño dice que Santiago ahí se acaba. “Porque hay queltehues. porque hay queltehues y álamos. porque hay viento. atravesar este espacio, donde la memoria es como un basural, es como recorrer la biografía de un día que perfectamente no le puede importar a nadie.” (Estoy apropiándome de frases del libro para armar mis propias frases. No se me puede juzgar por eso. Budnik promueve la toma y la expropiación. No por nada aparece aquí la Pampa Irigoin). 
La vida en este Santiago acceso sur es dura, y principalmente es ruina. 
La ruina que quedó tras una secreta guerra santa donde las huestes del Protopresbítero, el Hieromonje y el Archimandrita rusos ortodoxos, se enfrentaron a los ejércitos adventistas, evangélicos, mormones, una guerra donde el Frente Armado de Testigos de Jehová fue abatido en la Batalla de Bajos de Mena en el 2019 y tras la cual se legalizó la pasta base y surgió el primer presidente evangélico de Chile.
El autor, al modo de un corresponsal de guerra, en este caso, un corresponsal de post-guerra, nos cuenta que sueña con cabezas nucleares durmiendo como fetos de ballena fosilizados debajo del block, y compara el escenario el que se mueven sus personajes con una versión hacinada del sacrificio, donde la sangre escurre por los peldaños del block como lo hacía por las piedras escalonadas de la pirámide ancestral.
Sobre este telón, Carreño mezcla en una amalgama promiscua palabras y nombres tan disímiles como Caterpillar, Bajos de Mena, Vuelta de Cachencho, El Volcán, Heriberto Salazar, Síndrome Kawasaki, Petroflex, Quitalmahue, Francisco Pérez Yoma, Kate Durand, Ronald Rivera Calderón, Baris Ratkevicius, La Parva, Hans Pozo, Copeva, Felipe Camiroaga.
Y siempre, o casi siempre, en la hora más melancólica de la tarde.
Ahora, ¿quiénes narran esta VIDA? 
¿Quiénes la viven?
Son tres:
1.Daniel P.P., un niño que vive en un tubo de concreto marca Budnik. Ahí tiene su taller de dibujo, su guarida, su escondite, como lo tuvieron hace muchos años hombres, mujeres y niños que dormían en tubos de similares características fabricados por la empresa “A. Torrant”, que les entregó techo y también el apellido de atorrantes.
2.Jorge Cuminao (o Jorge Budnik), que acampa tres días en los block vacíos de El Volcán, los que están por demoler, según él “como para sentir el vacío de la identidad del gas metano, el resignificado de la expropiación”, y que experimenta sueños alucinados. “soy ruso”, dice, “me llamo Jorge Budnik y mi abuelo, el cual publicó un libro de poesía y fue un héroe durante la guerra civil, está enterrado ahí”, en el Cementerio Ruso de Santiago.
3.Ana Rosa Tapia, que vive en el paradero 30 de Santa Rosa, en Venancia Leiva, en un departamento, sola, huérfana y ex trabajadora, “actriz, 26 años, sin trabajo teatral hace más de dos años, dos años de garzoneo partaim hasta el día de hoy”. Ana pasa una temporada en el invierno, se propone no meterse a feisbuc borracha, y despotrica contra Sanhattan, según ella “la punta de lanza, la punta de un pico donde se solazan los dueños de todo”.
A partir de estos tres personajes y sus relaciones, Juan Carreño nos sumerge entonces en la historia final de un colectivo, un NOSOTROS, el Frente ContraCine, donde participan Daniel, Jorge y Ana. Esta historia se relata, primero, a través del recuento de los diferentes Festivales de Cine de Interzonas que ha organizado el Frente ContraCine, y segundo, a través del catálogo de las diferentes películas o “samizdat” que se han realizado ahí y que son exhibidas no sobre sábanas blancas estiradas, sino al vacío, al universo y a las estrellas, desde animitas de la calle convertidas de noche en proyectoras de las vidas de los muertos. En esta parte es donde la novela se convierte en crónica y manifiesto, con todo el lenguaje, nomenclatura, purgas, resentimiento, violencia, agresividad e intolerancia que se espera de cualquier colectivo incendiario y subversivo que se precie de tal. 
Así, escuchamos consignas como: 
“En el hampa está la cuna de la revolución.”
“A apropiarse de LA VIDA”.
“A autoexpropiar las imágenes propias, autoexpropiarse en venganza por todas las imágenes que mostraron al proletariado sumiso y servil al patrón”. 
“No a la belleza y la perfección”.
“¡A lobotomizar la unidimensionalidad de la realidad!”
“¡Que muera el hiperrealismo! ¡Que viva la VIDA!”
“Herederos de Medvedkin y Víctor Jara: ¡A LA CALLE! En memoria de todos los compañeros caídos: hermano Basura, hermana Carolo, hermano Rancherito, ¡PRESENTES!” 
Y es aquí, finalmente, donde los miembros del Frente ContraCine, Daniel, Ana y Jorge entre ellos, se emparentan con esos otros hombres y mujeres de la cámara de la época de Dziga Vertov y Medvedkin. 
Esos kinoks de ayer son los budniks de hoy, y sus consignas renacen más vigentes que nunca. 
A saber: 
“Nos llamamos los kinoks para distinguirnos de los ‘cineastas’, hatajo de ropavejeros que apenas logran encubrir sus antiguallas”.
“Nosotros introducimos la alegría creadora en cada trabajo mecánico, asimilamos los hombres a las máquinas”.
“Educamos hombres nuevos”.
“El hombre nuevo, liberado de la impericia y de la torpeza, que tendrá los movimientos precisos y ligeros de la máquina, será el noble tema de los films”.
“No olvidamos ni un solo instante que la silla está hecha de madera y no de la laca que la cubre. sabemos perfectamente que la bota está hecha de cuero y no del betún que la hace brillar”.
“Qué horror, dirán, son zapateros y no cineastas. Pues que se nos den más zapatos de esta clase y todo irá bien”.
“Al diablo el betún, al diablo las botas embetunadas, que se nos den botas de cuero. Alineaos con los kinoks, primeros cine-zapateros soviéticos”.
“Hemos sido los primeros en hacer films con nuestras manos desnudas, unos films quizá torpes, palurdos, poco brillantes, unos films quizá un poco defectuosos, pero en todo caso unos films necesarios, indispensables, unos films dirigidos hacia la vida y exigidos por la vida”.
“Los kinoks se han fijado como objetivo la organización de la vida real...”
“Para los kinoks (y los budniks), el campo visual es la vida; la materia de construcción para el montaje es la vida; los decorados es la vida; los artistas es la vida”.
“Nosotros definimos la obra cinematográfica en dos palabras: el montaje del ‘yo veo’”.
Yo veo.
De eso se trata Budnik. De eso nos habla Juan Carreño en esta novela apocalíptica y torrencial que finalmente es un canto de amor a la imagen y a un colectivo que, como dice Aleksandr Medvedkin al referirse al tren del cine, “era bueno y se componía de gente interesante. Jóvenes entusiastas y románticos, hombres abnegados. Trabajaban de quince a dieciocho horas al día y a muchos yo tenía que sacarlos de los talleres, de la mesa de edición, de los laboratorios y obligarlos a dormir un rato, porque ya se tambaleaban del sueño. Todo era interesante”.
Como en Budnik. 
Aquí también, todo es interesante.





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miércoles, 10 de agosto de 2016

Programa de Tinta Quemada: Feria de la edición independiente en Cochabamba: Cinosargo Ediciones y su catálogo presente






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domingo, 7 de agosto de 2016

Fotos de las presentaciones de NorSud (Cinosargo 2016) en Arica e Iquique




Presentación en Arica en Que Leo con Juan José Podestá, Roberto Bustamante, Daniel Rojas Pachas y Carlos Henrickson presentando.





Presentación en Iquique en el Bar el Curupucho con Juan José Podestá y Roberto Bustamante.








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martes, 2 de agosto de 2016

Nuevos horizontes marginales SOBRE «CORTE» DE FELIPE REYES Y «BUDNIK» DE JUAN CARREÑO por Rodrigo Higalgo


Los dos libros que justifican estas páginas vienen a situarse en lo que se conoce como literatura marginal. En Chile este tipo de literatura tiene un amplio frente, es una verdadera tradición, una corriente de la que forman parte grandes genios como Manuel Rojas o Nicomedes Guzmán, y que luce a tipos notables aunque desconocidos como Luis Cornejo o Alfredo Gómez Morel. Gente que asumió la creación literaria como una responsabilidad de «hablar por los sin voz».
Sin embargo, no debe pensarse que este tipo de literatura se agota formalmente en ciertos realismos de bajo fondo, en los crudos testimonios que siguen la senda de «El Vaso de leche» manuelrojiano. Pienso en Carlos Droguett por ejemplo, con esa escritura densa y de largo aliento, introspectiva, proustiana, y que nos habla magistralmente de la pobreza como delito y como deformidad enEloy y en Patas de perro. O Pedro Lemebel, retratando en su barroco sudaca la miseria del gueto homosexual, del marica proletario de la pobla. Está Juan Radrigán y la verdadera legión de parias y miserables que caminan poéticamente la patria de toda su obra dramatúrgica. Y están, entrados en el segundo decenio del nuevo milenio, algunos autores inmerecidamente poco conocidos que han pulsado esa misma cuerda buscando sacarle nuevos sonidos, como Francisco Miranda (Perros agónicosSalvatierra) o Cristian Geisse (Ricardo Nixon School). Me quedo corto en el listado y pido disculpas por las omisiones, pero lo cierto es que Felipe Reyes y Juan Carreño se suman a él.
He tenido que entrar así, pensando en voz alta cuáles son las familiaridades que resuenan en estos libros, porque yendo al grano, me resultó inevitable pensar, al leer Corte de Felipe Reyes, evocar el ya mencionado Eloy de Droguett, por ejemplo. El libro narra el duelo entre dos delincuentes a cuchillo abierto, y mientras se suceden los embates y estocadas, vamos entrando en las biografías de ambos contendores. No es posible decir mucho más porque se corre el riesgo de contar el final. Es una novela breve, intensa, escrita con la pulcritud y sobriedad que ya Felipe Reyes ha demostrado en sus libros anteriores (Nascimento, el editor de los chilenos y Migrante). Pero lo significativo y evidente es que, en el fondo, estamos ante una propuesta que trasciende el mero gesto fotográfico de mostrar o exhibir el comportamiento, origen y ética del lumpen. Lo que se nos propone es una realidad, la historia nacional en definitiva, lo que la dictadura significa y significó en carne y hueso. Corte puede leerse en ese sentido como la cuita de nuestra actual sociedad, individualista, discriminadora y criminal. La vergüenza de haber llegado al «pitéate un flaite».
Esta novela sitúa a Felipe Reyes en una posición que se podría parecer a la del periodista o el sociólogo, el comentarista que reflexiona y plantea, ante el flagelo de la delincuencia, nuestra responsabilidad como sociedad. Una reflexión que más de alguien hallará manida, sin peso, porque los propios medios de comunicación son alimentadores de los estereotipos, artífices de la criminalización, cómplices de la banalización del mal y de la perpetuación delstatu quo, etc. A pesar de ello, creo que la posición de Reyes sigue siendo más que válida, valiosa. Quiero decir, una novela como Corte, en un contexto como el actual, es muy probable que sea leída como mucha de la literatura que se produce sobre la marginalidad y la pobreza, desde la taxonomía, desde el nicho académico. Yo mismo he contribuido ahora a eso, al comenzar a referirme a ella desde sus familiaridades o posibles relaciones con una tradición específica. Es una novela «canónica» en ese sentido, que se inscribe muy claramente en el rayado de cancha que supone la «literatura marginal». Pero hago esta caracterización o este gesto de entomólogo porque para pasar al siguiente libro, permite nítido el contrapunto.
Y es que esta reflexión es precisamente lo que mueve en última instancia a Juan Carreño. Porque Budnik se instala en esa meta-referencia, en esa línea de trabajo que no es directamente sobre la pobreza, sino más bien sobre los discursos que hay en torno a la pobreza, sobre cómo se construye un canon de la pobreza. Y por supuesto, en una propuesta de ese tipo, los dardos apuntan al carácter burgués que puede esconderse en el ejercicio del artista, del escritor.
Budnik comienza en la voz de un niño que vive en un tubo de cemento de marca Budnik, abandonado a su suerte en el margen altamente lumpenizado de La Pintana y Puente Alto. Entendemos además que al niño lo están entrevistando, lo graban, lo siguen, alguien está haciendo un film con él. Entonces se nos presentan algunos dibujos atribuidos a ese narrador infante, en lo que constituye un artilugio a la postre gratuito, puesto que cuando pensábamos que la novela se iba a tratar de esa biografía, Carreño rompe el esquema, mete otras voces narradoras y oscurece el relato. Sus marginales se vuelven curiosamente eruditos y poéticos. Nos vamos dando cuenta de que en realidad la novela se trata del Frente ContraCine, una iniciativa de carácter artístico y subversivo, delirante y futurista, que hace evocar a Los siete locos y Los lanzallamas del argentino Roberto Arlt. El delirio y la encriptación se van apoderando de la novela. Los integrantes del Frente ContraCine hablan utilizando la nomenclatura peculiar de todo movimiento proscrito o clandestino, entramos a una atmósfera de reunión secreta. Los barrios o poblaciones son llamadas Interzonas, donde operan las Fuentes de Poder muni-cristianas, juntas de vecinos cooptadas por seguidoras de Felipe Camiroaga. La pandilla de adultos, jóvenes y niños que conforman el Frente ContraCine, se dota de orgánicas y de estrategias. Organizan intervenciones, hacen circular información en clave, y extienden su red de acción micro-guerrillera. Dictan talleres sobre aborto seguro, promueven la evasión en el transporte público, usan bicicletas y roban en supermercados. Deben combatir no sólo al sistema (desde el amor y por amor, hacer volar el Costanera Center), sino que deben protegerse de todos los fascistas y burgueses que hacen charqui y turismo con la pobreza, deben identificar y combatir a los artistas infiltrados que creen que luchan por cambiar el injusto modelo social cuando no hacen más que ser operarios del asistencialismo público y privado. No sirven las niñas que proviniendo de la misma Interzona La Pintana, estudian teatro en una universidad privada para finalmente trabajar como meseras. Esas niñas están muertas.
Nuevamente quiero evitar contar el final, pero es necesario decir algo más para que se entienda por dónde va la novela. Porque Carreño construye ese mundo, ese contexto, valiéndose de un referente de la realidad que conoce bien. Me refiero a la Escuela Popular de Cine de La Pintana, y su evento principal, el FECISO, Festival de Cine Social y Antisocial. Una iniciativa autogestionada y de espíritu claramente libertario que existe desde hace casi 10 años, y de la que Carreño forma parte. Budnik es, en definitiva, una novela sobre esa experiencia. Sobre sus discusiones internas, sobre sus definiciones ideológicas, éticas y estéticas, sobre sus búsquedas políticas.
Dicho esto y volviendo entonces al inicio de estas notas, creo que hay, nítidamente, una propuesta sobre la marginalidad, que en el caso de Carreño busca problematizar justamente los discursos sobre ésta. Y es interesante en ese sentido, anotar que sus libros anteriores, han sido siempre distinguidos y abordados desde ahí, porque Carreño tiene 2 libros de poesía (Compro fierro yBomba bencina) además de un libro de crónicas (Ir a la trinchera) donde ha lucido una singular voz propia, auténticamente marginal como pocas. Al calor de esa búsqueda es que hoy por hoy nadie que lo haya leído diría que Carreño «habla por los sin voz», sino que es uno de ellos. Por eso es que Budnik siendo su primera novela, realiza ese giro: Carreño intenta como un gato de espaldas no seguir siendo uno de los «sin voz», antes que eso le preocupa denunciar a todos los que lo intentan.
Puestas así, Corte de Felipe Reyes puede parecer incluso un friso naturalista al lado del Budnik casi futurista o experimental de Juan Carreño, pero en lo personal, me parece más honesto y menos ambicioso. En cualquier caso, lector, recomiendo sin lugar a dudas la adquisición de cualquiera de ambos libros, apuestas sumamente interesantes de sellos independientes como lo son La Calabaza del Diablo y Cinosargo. Es claro que no podrás encontrar fácilmente estos títulos en las librerías de malls o supermercados, así como es claro que cuando las adquieras te sorprenderá su bajo precio. Pero accederás a un par de novelas que extienden el horizonte y la búsqueda de lo que entendemos por literatura marginal en este Chile de usureros y AFPs que heredamos de la dictadura. Como para preguntarse qué es, qué significa ser pobre hoy en Chile.

Rodrigo Hidalgo: Licenciado en Comunicación Social, Licenciado en Educación y Profesor de Educación Media en Lengua Castellana y Comunicación. Actualmente dirige el Centro Cultural Manuel Rojas y es Coordinador del Área Literatura en Balmaceda Arte Joven. Se ha desempeñado como profesor, periodista, crítico literario, editor y gestor cultural. Es autor de la novela Desafinan con el frío (Ed. La Calabaza del Diablo, 2013).

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lunes, 1 de agosto de 2016

Sobre Letras en movimiento. Recopilación de escritos migrantes en Tarapacá en Letras s5





En palabras de Simmel: “El extranjero nos resulta próximo en la medida en que sentimos que compartimos con él una misma naturaleza nacional, social, profesional o genéricamente humana. Pero también nos resulta distante en la medida en esos mismos rasgos no pertenecen sólo a él y a nosotros sino que son propios de muchas más personas” (Simmel et alia; 2012:25). Es en este juego entre cercanía y distancia donde se produce una tensión específica con el extranjero, la conciencia de compartir lo genérico acentúa al mismo tiempo todo aquello que no se tiene en común, empleándolo como sustrato para la configuración de fronteras simbólicas que trascienden la materialidad de las mismas, “ya no es la línea aduanera, sino el límite de la identidad” (Grimson, 2003)
El estudio de las fronteras  se puede resumir según Grimson, en un doble reconocimiento por un lado las zonas fronterizas además de lugares de cruce y diálogo son también espacios de conflicto, estigmatización, y creciente desigualdad. Por otro y ya desde un ámbito más conceptual, la frontera no se desdibuja al transitarla, más bien persiste como un elemento central en la configuración de la identidad “la comunicación entre dos grupos puede ser el proceso a través del cual esos grupos se distinguen mutuamente” (Grimson, 2003:16).
Existen dos dimensiones relativas a la configuración de identidad por diferencia: una se logra mediante fronteras externas, lo que da como resultado la no-pertenencia a un determinado grupo, la otra se produce mediante fronteras internas, relacionada a la exclusión dentro de un determinado grupo (Simmel 2012; Penchaszadeh, 2008). El libro a presentar,  Letras en movimiento. Recopilación de escritos migrantes en Tarapacá, se origina en la frontera, como realidad fáctica pero también imaginaria construida social y disciplinariamente (Tapia, 2012). En este contexto, la figura del extranjero –inmigrante tensiona el ideario de una identidad colectiva, cerrada, y  “homogénea” que tiende  a erigir el “nosotros” desde la  exclusión, por oposición a ese “otro”, extranjero- ajeno:
“La inmigración sería la que pondría en riesgo de alterar o romper aquella homogeneidad mítica o fundacional, aquella homogeneidad étnica, cultural, religiosa o política, que en realidad nunca existió y que siempre ha estado asociada a posiciones totalitarias y excluyentes” (CeiMigra, 2010-2011:83)
En Chile, estas posiciones son más evidentes debido a la respuesta por parte del Estado a la cuestión migratoria. Durante años se ha operado según la lógica de seguridad nacional y control de flujos migratorios, en el marco de un desfase temporal; debido al desajuste entre la ley de extranjería y el contexto migratorio actual. Las consecuencias asociadas a esta construcción social además de la exclusión e invisibilización de los/as inmigrantes, se traducen en un incremento de actitudes y prácticas racistas y xenófobas por parte de la sociedad de acogida. En palabras de Tijoux quien prologa esta obra “el inmigrante tensiona el imaginario chileno fundado en el proceso identitario de la historia de conflictos políticos y representa negativamente al pobre que ‘quita el trabajo’, al inmigrante que porta el fardo histórico de los negados de Chile y al que amenaza la estabilidad familiar ‘roba maridos’” lo que sin duda repercute en su autovaloración, y lo ubica en un lugar inferior (Tijoux, 2015)
La investigación que desemboca en el libro, se realizó en la Región fronteriza de Tarapacá, caracterizada por concentrar  la mayor proporción de inmigrantes respecto de la población local (9,3%, DEM: 2014), su composición pluriétnica y multicultural producto de su cercanía con Bolivia y Perú,  la migración circular y la infinidad de intercambios que van desde los pueblos aymaras a los diferentes grupos que hoy conforman la sociedad tarapaqueña. Desde aquí se aborda la dimensión artística de la inmigración, una temática poco desarrollada en el ámbito de los estudios migratorios en Chile más bien dirigidos a perspectivas sociodemográficas, ciudadanía y trabajo.
Con el objetivo de “desvelar algunas características no abordadas del sujeto migrante y empleando la escritura como un método de acercamiento a ese otro”, Nanette Liberona y Roberto Bustamante se aproximan a su objeto de estudio, y con ello a la búsqueda de escritores/as  inmigrantes con mayor representatividad en la región, (provenientes de Perú,  Bolivia, Colombia y Ecuador). Mediante técnicas de investigación cualitativas: trabajo de campo etnográfico en primera instancia para identificar a  los “creadores/as” y más tarde entrevistas semiestructuradas para conocer parte de su vida, su experiencia migratoria y afición por el género literario, advierten que existe una construcción territorial en las narrativas de los/as escritores/as inmigrantes, a través de la cual se explican sus acciones en el tiempo y el espacio.
Este material resulta sumamente interesante pues de forma sencilla y creativa contribuye a la   investigación social sobre procesos migratorios cada vez más complejos, al develar información desde un enfoque bidireccional; en atención tanto a la población inmigrada como a la población nativa y al ampliar la mirada en los estudios migratorios considerando la dimensión cultural en la incorporación de los inmigrantes a los contextos receptores.El análisis del discurso de los hablantes – en el apartado que antecede a los escritos- permite conocer la relación que establecen los/as inmigrantes con la sociedad tarapaqueña de acogida, indagar en sus expectativas de reconocimiento cumplidas o fallidas, y asimismo comprender el comportamiento de la población nativa.
Rescatando la experiencia migrante a partir de escritos sinceros y  sentidos, en formato de cuento, poesía, relatos de vida, autobiografía y hasta una canción, el libro logra transmitir al lector las limitaciones materiales pero también simbólicas con las que se encuentra ese otro extraño que vendría a tensionar la identidad nacional que se pretende homogénea. La diversidad de voces materializadas en los escritos revela episodios cotidianos de discriminación y diferenciaciones culturales raciales que dificultan  la convivencia plural en la sociedad. Como lo explica la autora Nanette Liberona: “la movilidad humana se despliega en prácticas socio-espaciales que construyen territorio, por eso la escritura migrante nos puede ayudar a identificar de qué forma ese territorio tarapaqueño va adquiriendo nuevas identidades”.
Los relatos de las y los escritores/as inmigrantes están atravesados por la vulnerabilidad social y económica propia de la condición migrante, distanciado de los afectos, desprovisto de certezas respecto a su bienestar y el de sus familias en origen, y desarraigado, no logra identificarse complacidamente con quien en su momento fue, ni  tampoco con quien es hoy en tierras lejanas, tal como se expresa en el siguiente poema:
“Nadie sabe sobre su vida,
Ni ella misma,
Nadie sabe cómo vive, ni que bocados prueba cada noche
Nadie sabe dónde duerme, ni sobre ¡que! descansa su cabellera roja…
…¡Nadie sabe! ni siquiera ella
Qué hace aquí…y no allá
Allá de dónde ella es”
La Extranjera, Celene Sanchez

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viernes, 15 de julio de 2016

Talleres de Cinosargo de Fotografía de Carla Spinoza (Bolivia) y Comic Christiano en el marco del Taller de Edición 2016 y Tea Party V



Pueden inscribirse  en el mismo CECREA ARICA en Pasaje Sangra #357 o a través del correo priscilla.rivas@cultura.gob.cl.




Pueden inscribirse  en el mismo CECREA ARICA en Pasaje Sangra #357 o a través del correo priscilla.rivas@cultura.gob.cl.




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viernes, 8 de julio de 2016

Presentaciones de Budnik de Juan Carreño en Arica [Jueves 21] y Tacna [Viernes 22]



Lectura en Arica en Bar Vieja Escuela - Colón 342. A partir de las 21:00 horas. 
Presentación de Budnik a cargo de Juan José Podestá.


Lectura trinacional en Bar La Estación de la Jarana en Calle Miller #282 Tacna
Presentación de Budnik de Juan Carreño.

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jueves, 7 de julio de 2016

Presentación en Arica de NorSud "Narrativas Contemporáneas del Norte de Chile y Sur del Perú" en Librería Que Leo el 21 de julio


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domingo, 3 de julio de 2016

Budnik de Juan Carreño y Manchas de agua de Roy Sigüenza lo más reciente de Cinosargo Ediciones



Las presentaciones de los libros se realizarán en Chile y Perú. 
Budnik en el marco de la Tercera jornada del Taller de Edición de Cinosargo del 21 al 23 de julio y Manchas de agua en el Quinto Festival de poesía Tea Party del 26 al 30 de julio.











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miércoles, 29 de junio de 2016

Presentaciones de libros y actividades en el marco del Tea Party V [Del 26 al 30 de julio]


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